

Andan ahora en Vigo, cuatro espabilados, discurseando sobre el tranvía, con el eco de algún coruñés que dice si hay para estos tiene que haber para mi, mas el corifeo de turno próximo a la Xunta, que hace años callaba y ahora -como come la sopa boba del poder establecido- jalea lo del moderno tranvía como si fuese el descubrimiento del siglo.
Es doloroso saber que, hace años, cuando Carlos G. Príncipe era alcalde de Vigo, entre el señor Cuiña -entonces conselleiro- y el citado regidor, alumbraron -y bastante bien por cierto- un estudio previo que situaba dos líneas -de largo recorrido- del que debió ser tranvía-metro de superficie de Vigo.
A Príncipe -en una maniobra tan zafia como artera- le devoraron políticamente unos cuantos, entre los que no faltaban sujetos que se alimentan diariamente de odio a las horas del desayuno-merienda-cena. Y con ello, se devoraron sus buenas ideas -que las tuvo y muy importantes- para Vigo. Una de ellas, condenada al olvido, fue el tranvía-metro de superficie.
Indigna saber que aquellos estudios costaron sus buenos millones. Y que los sucesores de Príncipe y los sucesores de Cuiña ya ni saben donde están enterrados los planos. Si un día hacen algo, al respecto de un metro-tranvía, no será ni por un asomo lo que Príncipe y Cuiña concibieron. Costará mucho más y sabe Dios qué disparate supondrá.
Si se hubiese continuado con lo que Príncipe proponía, hoy Vigo tendría ya, desde hace tiempo, un transporte público moderno, nada contaminante y con futuro.
Pero claro, lo había propuesto Carlos Príncipe. Y la ciudad, en vez de beneficiarse de aquello, ha llevado años castigada desde la zafiedad de algunos. Había que dejar pasar el tiempo... no se fuesen a acordar del inventor del asunto.
Además del balompédico Pancho Villa, en Vigo y en Santiago aún hay unos cuantos más que en sus delirios creen que la historia puede borrarse y reescribirse a su antojo.
Es evidente que no.
EMILIO FRANCO