17 junio 2009

Carta del Director

Paseo casi veraniego
entre la Vida y la Muerte

En el ir y venir de los días, casi en modo meteórico, se agolpan los acontecimientos y es así que la actualidad obliga a aglutinarlos y trazar en torno a ellos el comentario que nos ocupa, a modo casi -¿y por qué no- de reflexión conjunta.
Son historias que nos llevan de viaje entre la Vida y la Muerte, como a bordo de trenes inesperados que parten, que parecen querer parar en la estación del Más Allá...pero que -felizmente- tienen en algunos casos en sus máquinas el carbón necesario para seguir adelante portando a sus viajeros -ojalá que por mucho tiempo- por otras estaciones de la Vida.
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Cronológicamente, primero partió el tren tal vez menos esperado. Su estilo de vida, su sobriedad, jamás haría pensar en ello. Pero el tren se le arrancó, bruscamente, casi brutal, le zarandeó, le zapatearía de lo lindo en una veloz arrancada hacia el Más Allá. Lino Romero, el prestigioso abogado vigués, aquel que fue incluso serio y cabal presidente de la Federación de Peñas del Celta... era víctima de un infarto de padre y señor mío que le llevó bastantes días a la UCI y a la convalecencia dura. Felizmente, su tren tenía carbón suficiente como para -aún tardando- devolverlo a la estación de la viguesa calle Coruña donde comparte tareas jurídicas con el no menos prestigioso letrado Manuel Otero. Ahora, Romero bebe "nestea" y esas bebidas ad hoc. No penséis que antes era un borrachín...ya os dije que en el no se daban en modo alguno las circunstancias propias del candidato al infarto. Pero le dio el infarto...
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Días después -y en este caso, en casa del herrero (médico) cuchillo de palo- el tren se le arranca sin aviso a José Enrique Sotelo, el ex alcalde de Cangas que ahora estaba haciendo una excelente labor como responsable del área de Deportes de la Deputaciòn. Le dolía la cabeza por la mañana en el palacete de Montero Rios. Comió con su mujer en Aldán y tras la comida volvió el dolor terrible de cabeza, vómitos, mareos... un derrame cerebral en toda regla, que requirió de una operación para retirar coágulos y... los días que lleva de UCI. Los médicos dicen que saldrá adelante y volverá a ser el que fue. Su tren, felizmente, tenía carbón y... aunque tarde, le devolverá a la estación de Montero Rios y a los baños en su incomparable Ría de Aldán...
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En pleno proceso de recuperación de Lino Romero y en plena crisis de José Enrique Sotelo, se arrancó el tren para Ernesto López Feito, periodista de la cadena SER (El Larguero). Pero lamentablemente, este tren no tenía carbón suficiente y se llevó al bueno de Ernesto, directamente, a la estación de la Muerte. Sin más, en un viaje súbito, corto, impactante... Había trabajado sin novedad la noche anterior en las dependencias madrileñas de Gran Vía, 32 y... a la mañana siguiente ya estaba depositado en la estación de la Muerte. Un infarto de esos que ahogan, que matan en minutos...sin tiempo para que le salvaran. Tenía 55, 56 años, no más. Y era una de las mejores personas que yo he conocido en esta profesión. Y le conocí hace muchos años, antes de que el y yo trabajásemos de uno u otro modo para la SER. La muerte repentina, inesperada, de alguien que era la bondad y la exquisita educación personificadas, nos impactó profundamente.

A la salida de estos indudable impactos que certifican una vez más la levedad
del ser humano, asiste uno al esperpento este del Celta, al penúltimo show del que se tiene noticia en los muy pocos medios libres que quedan -el resto parecen estar bien amordazados-.
La historia de una conciliación en los juzgados entre quien demandaba ( el director de la Fundación Celta) y los demandados, la poderosa hija del señor Mouriño Atanes y el propio Club y su Fundación. Por medio, partes médicos, informes de desequilibrios emocionales, supuestas vejaciones y enfermedades mentales producto del presunto acoso laboral y atentado a los derechos fundamentales que alega el trabajador... Y hay conciliación : abonan 70.000 euros los dueños de la finca particular en que han convertido este club y evitan así tener que ir al juicio... Saque el lector ahora las obvias conclusiones.
Pero yo no saco otras que la necesaria reflexión sobre cómo y por qué alguna gente actúa así, creyéndose eternos, creyéndose inmortales, inmunes a la enfermedad, inaccesibles al tren que se arranca el día que menos lo piensas... ¿Qué necesidad tenían estos que, desde su condición de millonarios en tiempo casi récord, destruyen uno tras otro los empleos de gentes y más gentes que lo único que hicieron durante años fue servir con enorme profesionalidad y esfuerzo, con indudable sacrificio a una entidad que, ahora, en manos de estas nuevos dueños sin reparos, se ha convertido en una máquina de enviar injustamente a numerosos y valiosos empleados al paro?.
¿Acaso estos don Carlos, su hija, los que les asesoran tan mal... no piensan que la Vida ni es ni puede ser eso, una carrera hacia adelante, atropellando lo que sea con tal de... que hay detrás de cada empleado injustamente tratado, una familia, unos sentimientos, una razón de ser y existir...?. ¿Hasta dónde y hasta cuándo van a seguir actuando así estos que parecen insaciables devoradores de empleados a los que echar culpas muchas veces ajenas...?.
Es triste ver cómo el tren de la Vida y la Muerte se lleva cuando menos lo esperas -y en corta edad- a más de una buena persona, para tener que asistir encima, aquí, en la estación terrenal, a la acción de estos que no piensan en nada, que respetan muy poco y que encima creen que lo que hacen, lo hacen bien, por el simple hecho -también- de que existe una gentuza sin dignidad que tiene su pluma o su voz al servicio de intereses bastardos y no al sagrado servicio del interés general y público.
Será la Sociedad que nos ha tocado vivir, pero también es la Sociedad en la que no queremos callar. Es nuestro sagrado derecho. Pero tambièn nuestra sagrada obligación.- EUGENIO EIROA