No verán do 2007, Eugenio Eiroa Hermo entregou a un dos seus familiares un sobre pechado cun texto para ser lido ás persoas que asistisen ao seu funeral tras a súa morte. Pediu que se cumprise tal cousa e gardáse segredo ata a súa morte, advertindo, iso si, que era un agradecemento a todos os que nesta hora final se tomasen a molestia de acordarse do finado. O familiar que recibiu fai dous anos o sobre, entendeu que mellor que ler o texto que deixou Eiroa Hermo, era imprimilo no seu ordenador e entregalo aos que hoxe están na igrexa de Cangas.
14 de setembro de 2009
“ Queridos Amigos
que habéis venido a la Casa de Dios a pedir al Altísimo que sea indulgente con mi alma... No puedo por menos -y así con tiempo lo dejo escrito- que agradeceros desde lo más profundo del corazón, esta última muestra de amistad y cariño que tenéis para con mi humilde persona.
Dios ha querido que para mi la Vida terrenal haya terminado aquí. Pero guardo la esperanza de la verdadera Vida, la eterna. En esa esperanza he vivido mis últimos años y esa esperanza es la que alumbra mi camino de ilusión de que un día todos, a la vera de Dios Padre, podamos estar juntos en la Eternidad.
Parte mi alma para otros mundos. Ojalá que al encuentro de tantos seres queridos, tantos amigos que antes partieron.
Si la infinita misericordia de Dios me fuere aplicada para exonerar mis indudables faltas, aguardaré paciente en el tiempo eterno, la llegada uno tras otro de todos vosotros, en el ansia infinita de abrazaros y agradeceros lo que hoy habéis hecho por mi.
Morir es ley de Vida. Por eso desearía que no estéis tristes; que entendáis -como yo he tratado de entender- que existe el más allá, que existe otra Vida que repare las muchas imperfecciones que la terrenal tiene.
Cuando escribí estos pensamientos para ser leídos tras mi muerte, mi calendario estaba próximo a las nueve décadas. He vivido mucho; otros no han tenido esta gran suerte. Por eso también doy gracias a Dios. No sé lo que me deparará el tiempo que vaya desde hoy - cuando esto escribo- hasta mi muerte. Mas no por temores hago profesión de Fe.
Gracias a Dios nací en Cangas y, ahora que llega mi hora, descansaré para siempre en Cangas. Los que aquí hemos nacido tenemos Consuelo siempre en nuestro Santísimo Cristo. Y amparo permanente en nuestra tan querida Virgen de Darbo.
Mi hermano, Paco, siempre decía que los cangueses, tras las magnas celebraciones del Cristo de Cangas y la Virgen de Darbo, entrabamos protegidos en el invierno...
Que nuestro Cristo y nuestra Virgen os amparen a todos vosotros, mis amigos, siempre; y que a mi me sirvan de ayuda en esta hora difícil de comparecer ante el Altísimo y dar cuenta de lo que fue mi vida en este mundo terrenal.
En todo caso, pase lo que pase, nunca dejaré de decir, confiando en la infinita misericordia divina :
-¡Señor, ante vos se presenta, uno de Cangas!.
Termino, amigos míos :
desde los inmensos valores de todo tipo que tiene nuestro tan querido Cangas, quisiera pediros humildemente algo.
Que allá donde estéis, allá donde ejerzáis -desde la más humilde a la más importante ocupación-, siempre, siempre, siempre... manifestad vuestro orgullo de ser de esta bendita tierra y no dejéis de hacer todo lo que podáis por ella. Que el Santísimo Cristo del Consuelo os bendiga y que la Virgen, Santa María de Darbo, os proteja.
Gracias por vuestra amistad y tan inmerecido afecto.
Hasta siempre.
EUGENIO
EIROA HERMO”